¿Crecías que la ciencia ficción era cosa moderna? Estos 4 libros del siglo XIX te van a explotar la cabeza
Olvida por un momento la nave Enterprise, las pantallas holográficas y los ciberimplantes! Si creías que la ciencia ficción nació con las películas del espacio o los cómics de los años 50, me complace decirte que tus antepasados del siglo XIX ya estaban bastante loquillos y soñaban con cosas que hoy nos dejan con la boca abierta.
En una época donde la gente aún se movía en coche de caballos y la electricidad sonaba a brujería, varios autores decidieron mirar al futuro y decir: "Sujétame el té, que voy a escribir sobre viajes en el tiempo y monstruos creados en un laboratorio".
Aquí tienes un recorrido por joyas (y locuras) de la sci-fi del siglo XIX que deberías fichar en tu lista de lecturas pendientes.
1. Frankenstein - Mary Shelley (1818)
La madre de todas las locuras científicas
No se puede empezar esta lista sin rendirle pleitesía a la auténtica reina: Mary Shelley. Con solo 18 años y durante un verano lluvioso en el que la gente aburrida no tenía TikTok para entretenerse, se inventó la primera obra de ciencia ficción de la historia.
Víctor Frankenstein no usa magia ni rituales satánicos; usa ciencia (bueno, la reanimación galvánica que estaba de moda en la época) para dar vida a un ser hecho de remiendos. Nos regaló el primer "científico loco" de la literatura y el clásico dilema moral de "porque pueda hacerlo no significa que deba hacerlo". Un aplauso para Mary, por favor.
2. De la Tierra a la Luna - Jules Verne (1865)
Cuando le atinas al futuro por puro cálculo
Julio Verne era básicamente el "nostradamus" del siglo XIX, pero con matemáticas. En esta novela, un grupo de veteranos de guerra aburridos (el Gun Club) decide que la mejor idea para pasar el rato es fabricar un cañón gigante y disparar un proyectil con gente dentro directo a la Luna.
Lo aterrador no es la premisa, sino que Verne predijo con una precisión espeluznante el lugar de despegue en Florida, el número de tripulantes y hasta la sensación de ingravidez. Si este hombre hubiera tenido acceso a la NASA, les habría ahorrado millones en presupuesto.
3. La máquina del tiempo - H.G. Wells (1895)
Poniendo de moda los viajes con resaca temporal
Si Verne era el perfeccionista de la tecnología realista, H.G. Wells era el visionario al que le importaba más la metáfora social (¡y vaya si le salía bien!). Con esta obra, inventó literalmente el concepto de una máquina para viajar en el tiempo. Nada de pociones ni sueños mágicos.
El Viajero del Tiempo se va al año 802.701 esperando encontrar una utopía hiperdesarrollada y se topa con dos especies humanas bastante inquietantes: los Eloi (adorables pero bastante desamparados) y los Morlocks (unos seres subterráneos que los usan de buffet). Moraleja: piénsatelo dos veces antes de mover la palanquita del tiempo.
4. La guerra de los mundos - H.G. Wells (1898)
Los marcianos no vienen en paz (y no aceptan peticiones)
Wells repite en la lista porque no podíamos dejar fuera la invasión alienígena por excelencia. Antes de que el cine destrozara la ciudad de Nueva York cien veces, los marcianos de Wells aterrizaron en la campiña inglesa con sus trípodes gigantes exterminando a todo el mundo con rayos calóricos.
Lo mejor de todo es cómo se resuelve la trama (sin hacer demasiado spoiler): la humanidad no se salva por sus superpoderes ni por un héroe de acción de Hollywood, sino por algo tan cotidiano que seguro tienes en casa ahora mismo. Un clásico absoluto que te hace mirar al cielo nocturno con cierto recelo.
¿Por qué leerlos hoy?
Leer ciencia ficción del siglo XIX es fascinante porque te permite ver el futuro a través de los ojos del pasado. Es ver a mentes brillantes intentando procesar la Revolución Industrial y preguntándose: "¿Hacia dónde demonios nos lleva todo esto?".
Así que la próxima vez que veas una película sobre IA o viajes espaciales, recuerda que todo empezó con un grupo de victorianos a la luz de las velas imaginando monstruos, cañones lunares y máquinas con palancas.
¿Has leído alguno de estos clásicos o te han entrado ganas de viajar al siglo XIX? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

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